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Tragedia griega

Mayo 20th, 2010

Kynodontas (2009)

Dirigida por Giorgos Lanthimos
Escrita por Efthymis Filippou y Giorgos Lanthimos
Protagonizada por Christos Stergioglou, Michelle Valley, Aggeliki Papoulia, Mary Tsoni, Hristos Passalis y Anna Kalaitzidou
Producida por Yorgos Tsourgiannis
93 min.
Grecia
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Hay algo fascinante -para los morbosos como uno- en esas historias que suelen venir de la vieja Europa decadente acerca de hombres que han mantenido cautivas a sus hijas durante décadas, o que secuestaron niñas inocentes que crecieron disfuncionalmente en algún sótano alejado de la civilización. El caso Fritzl o el cautiverio de Natascha Kampusch son acontecimientos que nos enfrentan con lo indescifrable de la mente humana.

Kynodontas cuenta la historia de tres hermanos (dos mujeres y un varón) confinados desde su nacimiento al interior de una quinta, completamente aislados del mundo real, criados por sus padres como si fueran ratas de laboratorio. Aprenden un lenguaje con palabras cambiadas, les inculcan reglas insensatas y se comportan como nenes aunque ya rondan los veintipico. En ese mundo tan plácido como infernal viven los integrantes innombrados de esta familia de locos.

El padre, ideólogo del macabro experimento, tiene la apariencia de un hombre normal, sobre todo en comparación con sus hijos: esas criaturas inexplicables, de comportamientos excéntricos y aberrantes conductas sexuales. Pero la locura exterior y notoria de sus hijos es sin dudas fiel reflejo de la locura interior de ese perverso con ínfulas de Dios.

Kynodontas significa “colmillo”. Según la particular mitología de la Casa: “Cuando se cae el colmillo derecho (o el izquierdo, no importa), significa que el cuerpo está listo para afrontar todos los peligros. Para dejar la Casa a salvo hay que usar el coche. ¿Cuándo se puede aprender a conducir? Cuando el colmillo derecho vuelve a crecer. O el izquierdo, no importa.”

La película es cruenta, difícil, aunque no carece de cierto humor negro. Puede ser que la odien. Pero está bien: siempre es mejor el odio que la indiferencia.